“Un largo camino para encontrar el milagro de la vida”

UN LARGO CAMINO PARA ENCONTRAR EL MILAGRO DE LA VIDA

 

Introducción

 

La vida no es fácil para aquellas parejas que nos enfrentamos al problema de la infertilidad.

 

Al pasar el primer par de años sin que llegue el tan anhelado embarazo, la gente comienza a preguntarse: ¿Qué esperan? ¿No están haciendo bien la “tarea”?

 

En nuestro caso, el matrimonio surgió a los 25 años de edad, después de un noviazgo de varios años. Aunque no había consenso respecto a si buscaríamos un hijo inmediatamente, una pequeña “trampa”, consistente en realmente no ingerir la píldora anticonceptiva, nos ayudó a percatarnos de la existencia de un problema: a más de un año de matrimonio sin usar anticonceptivos, no logramos el embarazo.

 

A través de este breve ensayo, queremos compartir nuestra travesía para cumplir el tan anhelado sueño de ser padres, esperando que sirva de inspiración para aquellos que se encuentran recorriendo el largo y sinuoso camino que es la infertilidad, motivándolos a no desistir en su intento y a buscar la ayuda profesional que es indispensable para tratar estos casos.

 

Diagnóstico

 

Hasta los dos años de casados, comenzamos a buscar ayuda: primero con la ginecóloga de la familia, quien no se explicaba el por qué una pareja joven (27 años de edad) y aparentemente sana, proveniente de familias sumamente fértiles, no lograba embarazarse. A partir de ahí, inició nuestro calvario para identificar el problema: análisis clínicos para detectar niveles hormonales, tratamientos con medicamentos por periodos de tres meses y nuevos exámenes médicos así como múltiples ecografías sin que existiera una respuesta médica determinante: el diagnóstico inicial era infertilidad prácticamente inexplicable, todo ello en un periodo de alrededor 18 meses.

 

Decidimos que debíamos de buscar ayuda profesional, con verdaderos especialistas en problemas de fertilidad, pero como nadie de nuestra familia o conocidos había tenido esa afección, prácticamente con los ojos cerrados, sin recomendación alguna y con la idea de buscar una solución eficaz, nos tratamos en forma separada: con una ginecóloga especializada en infertilidad y con un andrólogo, lo cual desgraciadamente ocasionó que la cuenta solamente creciera en ceros y ambos fuéramos programados para cirugía: después de una histerosalpingografía muy dolorosa, se diagnosticó la necesidad de practicar una laparoscopia para corregir la obstrucción bilateral de trompas de Falopio, y por otro lado una intervención quirúrgica para corrección de una supuesta “hidrocele testicular”, por un conteo de espermatozoides que arrojaba aproximadamente la mitad de los niveles normales, con bajo nivel de movilidad.

 

Optamos por solicitar una tercera opinión, en una clínica de mucho prestigio y con varios años en el medio, con médicos especialistas certificados en tratamientos de fertilidad, en la que confirmaron la necesidad de la laparoscopía para corregir la obstrucción bilateral de las trompas de Falopio, pero descartaron la “hidrocele testicular”; sin embargo, nunca entendimos en qué ayudaría la laparoscopia para destapar las trompas si no se atendía también el factor masculino. Se realizó el procedimiento y lo único bueno que nos dejó (dicho está de paso no logró permeabilidad en alguna de las trompas) fue la detección de un “mioma” de un par de centímetros en la matriz, que fue extirpado sin mayores complicaciones; la cirugía dolió mucho pero finalmente fue infructuosa para lograr el embarazo.

 

Ciclo completo de Fertilización In vitro convencional

 

A los 30 años de edad, nos veíamos como la pareja más joven en acudir a la clínica de fertilidad. Transcurridos seis meses de la laparoscopía, el médico nos sugirió una inseminación artificial, sin embargo fuimos tajantes con él: no existía caso de tal procedimiento si las trompas de Falopio continuaban obstruidas y el conteo de espermatozoides era bajo, por lo que le pedimos nos diera otras opciones, concluyendo que podíamos ser candidatos para un tratamiento de Fertilización In Vitro. Nuestra respuesta fue inmediata y estuvimos conformes.

 

Emocionados, dimos inicio con el papeleo, exámenes médicos y preparación para el procedimiento, no sin antes desembolsar una suma con la que fácilmente podíamos haber adquirido un automóvil nuevo. Después de enormes cantidades de medicamentos que propiciaron múltiple ovulación, se logró la extirpación de 16 óvulos de los cuales se fecundaron 9, de ellos 6 fueron catalogados con nivel I y los 3 restantes con nivel II: a los dos días se realizó la transferencia de 3 embriones y el resto fueron congelados: el suministro de medicamento fue muy elevado, tanto en inyecciones diarias en el ombligo como en pastillas. Las ilusiones las teníamos al máximo, sin embargo a los 10 días vino la dolorosa menstruación que derrumbó nuestra esperanza. El especialista nos dijo que “no se explicaba qué había sucedido”, inclusive pensó en un embarazo ectópico el cual fue prontamente descartado, nos animó a no desistir en nuestro intento, ya que nos quedaban aún 6 embriones, y vaticinó que si esperábamos un par de meses podía volver a realizarse una nueva trasferencia, lo cual seguramente nos llevaría a ser padres.

 

Las transferencias se repitieron en dos ocasiones con iguales resultados negativos: finalmente nuestros embrioncitos congelados se terminaron y el médico, desconcertado ya que estaban catalogados como “de la mejor calidad”, nos sugirió tratarnos con un psicólogo antes de volver a intentar un nuevo ciclo de fertilización in vitro (además de pagar sus altos honorarios, ahora tendríamos que pagar también los de un psicólogo).

 

Salimos corriendo de la clínica, estábamos agobiados en todos los aspectos, a los 32 años de edad decidimos darnos un respiro para recuperarnos, tiempo en el que no volvimos a consultar médico alguno y llegamos al extremo de atender cualquier otra enfermedad o dolencia con naturismo.

 

Algunos seres queridos y otros no tanto, nos sugirieron la adopción como un posible medio para lograr ser padres, sin embargo, aunque nunca estuvimos peleados con dicha posibilidad, siempre insistimos en la idea de buscar por todos los medios posibles un hijo propio.

 

Durante ese periodo de respiro, nos dedicamos a pagar las deudas, realizar algunos pequeños viajes y hasta obtuvimos una hipoteca para comprar casa, la cual adquirimos con tres recamaras. Fuimos objeto de burla, algunos familiares nos dijeron ¿por qué comprar una casa tan grande si son solo ustedes dos? Manteníamos viva la esperanza de que nuestra situación cambiara…

 

Una nueva esperanza: nuestro contacto con New Hope Fertility Center

 

Una prima nos buscó muy animada, y nos contó que platicando nuestro caso con su ginecóloga, le recomendó que acudiéramos con al Dr. Alejandro Chávez Badiola, quien tenía algunos meses de haber inaugurado una clínica: New Hope Fertility Center Mèxico. Nos habló maravillas de su trabajo y algo que llamó nuestra atención, que sus tratamientos eran con bajas dosis de medicamentos.

 

Después de pensarlo un par de semanas y visitar en infinidad de ocasiones el sitio de internet de New Hope Fertility Center, ya con 34 años de edad y 8 años de casados, tomamos la decisión de solicitar una cita con el Dr. Alejandro Chavez Badiola: nos gustaron mucho sus modernas instalaciones así como la atención del personal que resolvió todas y cada una de nuestras dudas; en la primer consulta se concluyó que éramos candidatos a un procedimiento FIV natural, con mínima estimulación de medicamentos. Del costo, ni hablar: aproximadamente la cuarta parte de lo que pagamos en el ciclo completo de FIV convencional.

 

Iniciamos el seguimiento folicular en el mes de mayo de 2011, después de tan solo dos consultas; sin embargo se tomó la decisión de posponer la captura de óvulos un mes, ya que algunos niveles hormonales no eran los óptimos. Nos decepcionamos un poco, pero entendimos que era mejor esperar a dar pasos en falso: el error más grave en este tipo de procedimientos es tratar de forzar las cosas.

 

Finalmente la captura se llevó a cabo la segunda quincena del mes de junio en condiciones muy diferentes a las que habíamos tenido en la FIV convencional: sin tantos medicamentos y mucho menos dolor. La embrióloga Lizeth Barrientos nos envió por mail un par de fotos de nuestro embrioncito, el cual se fecundó sin necesidad de ICSI; a los dos días de realizada la captura se efectuó la transferencia, el procedimiento fue muy rápido y aunque dolió un poco salimos contentos en espera de que transcurrieran 10 días para saber si obteníamos el tan anhelado embarazo.

 

El “beta positivo”

 

Llegó la fecha tan esperada y ambos manteníamos encendida una pequeña flama de esperanza: los exámenes médicos fueron practicados en la clínica y quedaron en devolvernos la llamada después de cuatro horas, sin embargo a las dos horas transcurridas recibimos una llamada de parte de Alejandro quien nos anunció que el resultado era positivo.

 

Lloramos a más no poder, agradecimos a Dios que nos bendijera con tal noticia y extremamos las precauciones y cuidados. Volvimos a consulta al tercer día y después a las dos semanas Alejandro, a través de una ecografía, claramente nos mostró el corazón de nuestro bebé. ¡Latía desde entonces con tantas ganas de vivir! Alejandro nos dijo que su labor con nosotros había terminado y que nos otorgaría una hoja de “alta” para que acudiéramos con nuestra ginecóloga. No queríamos separarnos de la clínica, del excelente equipo de New Hope Fertility Center México y del trato humano de Alejandro Chávez Badiola, sin embargo entendimos que su función es ayudar a que las parejas se embaracen; muy orgullosos de haber alcanzado nuestra meta, nos despedimos, prometiendo que si Dios nos lo permitía, en poco tiempo nos volveríamos a ver para que conocieran a nuestro bebé.

 

El embarazo transcurrió rápidamente con más altas que bajas, la familia y los amigos no podían creerlo, después de tantos años estábamos en camino a lograr nuestro sueño; sin embargo los temores de posibles complicaciones siempre están vivos y tomamos todas las precauciones posibles. Durante ese periodo de tiempo, mantuvimos comunicación constante con Alejandro a través de correo electrónico, y le enviamos las ecografías en 2°, 3° y 4° dimensión que practicamos a nuestro bebé, quien supimos que sería niño desde los dos meses de embarazo.

 

Se cumplió el milagro: el nacimiento de nuestro hijo

 

Nuestro bebé decidió nacer a las 37 semanas de gestación, sin embargo todo salió conforme a lo programado, a través de cesárea. El 21 de febrero de 2012 será un día que jamás olvidaremos por la felicidad de la llegada de nuestro hijo, que pesó casi los 3 kg y midió 49 centímetros; todas nuestras preocupaciones se borraron ya que el pediatra nos informó que el bebé estaba sano y fuerte.

 

A partir de esa fecha, todo ha cambiado favorablemente con nosotros: nuestras familias están enamoradas del bebé y aunque desde entonces no ha habido una sola noche en que logremos dormir de corrido, ya que los requerimientos de nuestro hijo son prácticamente a toda hora, somos los padres más felices y orgullosos.

 

Hoy, miramos con agradecimiento al Creador que nos concedió el milagro de ser padres, al darnos la oportunidad de poner en nuestro camino a su instrumento, que es el Dr. Alejandro Chávez Badiola y todo ese formidable equipo de New Hope Fertility Center.

 

También nos dio la oportunidad de cumplir con nuestra promesa: hace un par de días acudimos los tres a visitar a Alejandro…

 

Infinitamente,

 

¡Gracias!