Cuando todos mis amigos decían, “yo de grande quiero ser bombero”, yo decía, “yo quiero ser mamá”

Desde que iba en la primaria, cuando todos mis amigos decían, “yo de grande quiero ser bombero”, yo decía, “yo quiero ser mamá”. La verdad es que nunca imaginé que me costaría tanto trabajo.

 

El primer reto fue encontrar un buen hombre, un verdadero compañero que me amara por quien soy, lo encontré hasta los 32 años. Renuncié a mi trabajo y dejé todo para irme a vivir con él a Guadalajara. A mis 35 años decidimos que ya era momento de empezar a buscar bebé. Al ver que nomás no pegaba fuimos con una doctora muy recomendada por mi endocrinólogo, que me atendía porque a mis 28 años me diagnosticaron hipotiroidismo y a los 34 androstendiona alta.

 

Después de varios análisis, supimos a través de una histerosalpingografía (o como se llame) que mi matriz y mis trompas estaban bien, pero mi esposo no produce espermas. Él no quiso hacerse ningún procedimiento así que decidimos intentar con donador.

 

La doctora, a pesar de mi insistencia, se negó a hacer un intento natural. A buenas y primeras me recetó un montón de hormonas para que yo tuviera ovulación múltiple y mejorar la chance de quedar embarazada.

 

Yo obedecí todas sus instrucciones al pie de la letra pero a unos minutos después de aplicar la inyección, me sentía muy mal, como muy nerviosa, casi histérica. Me tenía que sentar y esperar un poco a que pasara el susto.

 

Cuando se lo dije, me contestó, “son tu nervios”. Mi respuesta fue, “¡oye, no! ¡Yo aquí vivo, sé cuando son mis nervios y cuando es algo impuesto por algo externo!”.

 

También le dije que mis brassieres ya no me quedaban, y ya no me acuerdo su respuesta textual pero fue algo similar a la anterior. A ver, esto es física elemental, llevo usando el  mismo bra durante años, la secadora no lo ha achicado y ya no me quedan, o sea, no quedan.

 

Después me enteré que en realidad se debe a que las hormonas provocan una estimulación del sistema central nervioso –de ahí la histeria– y que el incremento en el tamaño del busto también suele ser una consecuencia normal.

 

Para los donadores nos dieron, después de mucha insistencia de nuestra parte porque lo queríamos estudiar con tiempo, 3 hojitas, fotocopias, con los datos básicos del donador, estatura, color de piel, ojos. Sin fotografía, ni nada extra. Teníamos varias preguntas al respecto, por ejemplo, si había más muestras para poder intentar varias veces con el mismo donador (en caso de querer hermanitos) y tomó tres correos electrónicos de mi parte para recibir una respuesta.

 

Intentamos dos veces, una tras otra. Además de que ninguna pegó, mi sistema nervioso y endocrinólogo quedaron bastante agotados. Mi endocrinólogo me recomendó que me esperara a que todo regresara a la normalidad antes de volver a intentar.

 

Fue un periodo de dos años, durante el cual me encontré un anuncio en el periódico de New Hope Fertility Center. Lo guardé. A ratos lo sacaba y me metía a su página web a leer sobre ellos y el método único que aplican, recuerdo una vez que fui con mi papá a Punto Sao Paulo y le dije, “con ellos quiero venir”.

 

Al término de esos dos años, cuando mis niveles hormonales ya estaban bien pero mi endocrinólogo me volvió a negar el permiso de intentar buscar el embarazo porque debía tomar antidepresivos, me di cuenta que era momento de cambiar de doctor. Encontré una hermosa mujer –doctora– que me dijo, “¿qué haces perdiendo el tiempo? ¡Ya lánzate! ¡Y aviéntate con todo!”.

 

Mi esposo y yo hicimos cita en New Hope. El Dr. Chávez nos dio dos horas de su tiempo; primero entendió con todo detalle nuestros dos problemas, la azoospermia de mi esposo y mi hipotiroidismo. Luego respondiendo todas nuestras dudas con todo detalle y paciencia.

 

Con todo el tiempo del mundo y sin ruegos de nuestra parte, New Hope nos envió por correo electrónico una lista como de 20 donadores con sus rasgos principales. Escogimos 3  y nos enviaron el perfil extendido con fotografía de cuando era niño, descripción de sus gustos y hobbies y un poco de su historial familiar. Nos decidimos rápido.

 

El Dr. Chávez me ofreció intentos naturales, otro intento de inseminación pero ya no quise. Si intenté dos veces repleta de hormonas ¿qué me hace pensar que la tercera va a pegar? Nos decidimos por el tratamiento In Vitro y el Dr. Chávez cedió ante nuestra petición.

 

Te cuidan a tal grado que te piden ir casi diario al consultorio para sacarte cualquier cantidad de análisis; claro que me daba flojera, pero la verdad es que me sentí muy cuidada. Las enfermeras muy lindas conmigo, lograban encontrar mi vena rápido y casi sin dolor. A la una de la tarde después de cada vuelta me hablaban para reportarme los resultados y el plan a seguir. El tratamiento de hormonas fue dosificado, en base a mi cuerpo, mi sensibilidad, mis niveles hormonales, mi ciclo. El ataque de histeria nunca lo sentí.

 

La extracción de óvulos fue horrible para mí, porque había uno pegado a un nervio y me dolió de aquí a China. Salí llorando del dolor… (lo cuento no para que te desanimes sino para prepararte a una posibilidad). El Dr. Chávez muy amable y paciente conmigo, me explicó la razón. En ningún momento me salió con alguna estupidez ni me tiró a loca… o sea, que sí toma en cuenta tus sentimientos.

 

Mi cuerpo hizo 5 óvulos. Tomaron 4, dejaron uno para que yo tuviera un ciclo menstrual normal.

 

Durante ese mes, me hablaban por teléfono y me pasaban el reporte del proceso: “ya hicimos la fertilización”, “los cuatro pegaron”, “los  cuatro se están empezando a multiplicar, los vamos a congelar, háblenos por favor el primer día de su regla”.

 

El primer día de mi regla llamé e hicimos cita para empezar a programar la inserción. Otra vez fueron las mil vueltas de análisis de sangre buscando el día perfecto. Y la aplicación de hormonas fue hecha con el mismo cuidado. Durante el proceso de la descongelación recibí llamadas cada paso: “ya los descongelamos”, “hubo uno que no sobrevivió la descongelación, quedan tres”, “hubo uno que no se logró multiplicar, quedan dos, le vamos a insertar dos”. El Dr. Chávez me explicó que es mejor hacerlo a los 21 días del ciclo, así que el día 21 me presenté sin crema ni maquillaje, ahora sí, ¡muuy nerviosa!

 

Me enviaron por e-mail las fotografías de los 2 embrioncitos que sí se lograron.

 

Lo que sí es que me dijeron que  la trasferencia no iba a doler y ¡sí me dolió! ¡Muuuuucho! Es cierto que a algunas mujeres no les duele. Me pasaron a un cuartito con un sofá. Ahí nos quedamos un rato, hasta que el Dr. Chávez nos vio en su consultorio para explicar otro montón de dudas.

 

Creo que esa semana fue la más larga de mi vida. Para colmo el día 26 de mi ciclo tuve un sangrado, lloré durante cuatro horas completamente enojada y desesperanzada. El día 27 nada. Ni una sola gota de nada. Día 28 fui a que me sacaran sangre, con ojos de plato, sin entender nada, fui y regresé a mi casa.

 

A la una de la tarde suena mi celular, yo estaba dormida en mi jardín: “¿quién será? ¿Voy a contestar o no? Bueno… voy.”

 

“Bueno?”

“¡Doctor! ¡Hola!”

“…Felicidades”

¿Qué? ¿Qué? ¿Queeeeeeé? ¿Cómo que…? ¡¡¡¿Queeeeeé?!!!

 

Colgué el teléfono y me solté llorando en la sala de mi casa. ¡Qué felicidad! La primera llamada que hice fue a mi marido.

 

Una de las partes más bonitas es que todo el staff estaba feliz por nosotros, nos llenaron de abrazos y felicitaciones. Muy lindo de su parte.

 

Debido a mi sangrado me mandaron a reposo, el Dr. Chávez no me dejó viajar, además tuvo la amabilidad de darme una carta en papel membretado con sus instrucciones para que yo se lo diera a mi enojado jefe.

 

Todavía me pidieron que fuera varias veces más para más análisis, checar mis niveles hormonales. Me dieron un montón de hojas para que yo llegara perfectamente equipada con mi ginecólogo.

 

Te piden firmar cualquier cantidad de hojas, contratos, autorizaciones… muy a la gringa. Pero en las instrucciones hacia ti es la misma metodología, te dan hojas por escrito sobre tus cuidados, las posibles complicaciones y síntomas.

 

Cuatro meses después, les envié las fotografías del ultrasonido con la noticia de que es niño, recibí varios e-mails de felicitaciones y abrazos.

 

En el consultorio había cualquier cantidad de gente de diferentes países, así que si tienes una amiga que no habla español, dile, they speak english.

 

Todo el proceso es una montaña rusa emocional, hormonal, física y todo lo demás que se te ocurra, pero si en algún lugar vas a estar cuidada y respetada es en New Hope.