“Jamás pensamos que de pronto nos llegaría esa maravillosa noticia que nos cambiaría por completo la vida”

Después de un año de visitar a distintos doctores, intentar algunos remedios caseros como la “sobada”, alguien nos habló de la clínica New Hope y pensamos que quizás una ayudadita médica nos permitiría lograr ese embarazo. En algún momento lo pensamos, pero nunca creímos que algo que comúnmente se escucha como que tu compañera de trabajo o la hija del vecino “estaba embarazada”, sería algo que tardaría un tiempo en llegar. El personal de la clínica nos orientó sobre las posibilidades para que esto fuera posible y que el esfuerzo que se hiciera pudiera valer la pena.

 

La verdad es que desde un principio estábamos muy esperanzados, pensando que con el primer tratamiento lo lograríamos. Sin embargo, conforme pasaban los meses y los tratamientos, veíamos que no sería tan fácil conseguirlo.

 

Durante todo ese tiempo era un vaivén de emociones y sentimientos encontrados. Con cada tratamiento sembrábamos nuestras esperanzas, pero al ver los negativos las perdíamos. No negamos que hubo momentos en los que pensamos abandonar la búsqueda de ese bebé, sentíamos que eran demasiadas las desilusiones y que ya no soportaríamos un negativo más. Inclusive decidimos hacer una pequeña pausa pues el desgaste emocional y físico era muy grande, con las inyecciones, los piquetes para extraer sangre y lo peor, las malas noticias nos hacían flaquear pero nunca desistir. Había algo que nos impulsaba a seguir adelante, a hacer un intento más, así que ahí seguíamos, buscando mientras estuviera dentro de nuestras posibilidades y empezando siempre de cero, sin reniegos ni refunfuños, dándonos ánimos uno al otro con un sencillo, “por algo no se pudo”.

 

Es cierto que en el último intento pensamos: si no se da, ahí acaba definitivamente la búsqueda, y con esa idea fue que iniciamos este último tratamiento, pero jamás pensamos que de pronto nos llegaría esa maravillosa noticia que nos cambiaría por completo la vida. Camino a casa después de algunos pendientes, el teléfono sonó y escuchamos las palabras que cambiarían para siempre y para bien nuestras vidas: ¡positivo!

 

Hoy estamos prácticamente a un mes de conocer a ese angelito.